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Trastornos del sueño en los niños
La dificultad para dormir y los despertares nocturnos son frecuentes durante la infancia. Cuáles son las herramientas para revertir estos problemas.

Sebastián A. Ríos
 

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Al igual que los adultos, los niños pequeños también padecen diferentes trastornos del sueño. La dificultad para dormirse y el despertar por las noches son dos de los más frecuentes: afectan al 20% de los niños de entre 1 y 3 años, y al 10% entre los 4 y los 5. Además, estos problemas suelen ser persistentes y un sueño no reparador o insuficiente puede traducirse en un mal desempeño durante el día.

Según Margarita Blanco, especialista en neurofisiología clínica y medicina del sueño del Centro Neurológico del Hospital Francés, los trastornos del sueño en edades tempranas se deben tanto a la ansiedad que experimentan los niños durante la vida diurna, como al desconocimiento de los adultos sobre cuál es una adecuada “higiene del sueño”.

“Los distintos factores del medio externo que durante el día le producen angustia o un grado de exigencia estresante, pueden manifestarse durante la noche, afectando la continuidad del sueño –explica la especialista-. Pesadillas, dificultad para dormir o despertares nocturnos, son los más comunes.” Por otra parte, los padres que no respetan horarios de sueño adecuados transmiten este desorden a sus hijos. “Es muy importante que los adultos (padres, maestros, médicos) reconozcan la importancia del sueño como factor de reposición de la energía psíquica y física del niño.”
De ahí la utilidad de aquellas terapias de la conducta que apuntan a establecer hábitos de sueño y un respeto del equilibrio entre vida diurna y nocturna.

Herramientas para padres

Según una revisión del tema realizada por Paul Ramchandani, investigador de la Sección de Psiquiatría de Niños y Adolescentes del Park Hospital for Children de la Universidad de Oxford (Inglaterra), existen varias herramientas que los padres pueden utilizar para afrontar estos problemas. Entrevistado por Salutia, el especialista se refirió a esas “intervenciones comportamentales”:

  • -Las intervenciones conocidas como rutinas positivas son útiles cuando un niño suele quedarse despierto hasta tarde y no se acuesta. En estos casos hay que inculcarle un estricto régimen de comida, baño y cama. La rutina debe comenzar 20 minutos antes de la hora en que el niño se duerme, y cada semana hay que adelantar la rutina 5 o 10 minutos hasta que su comienzo coincida con un horario adecuado para ir a dormir. Ante cualquier resistencia, la respuesta debe ser “es hora de dormir”, mientras se coloca al niño de nuevo en su cama.

  • -La extinción graduada es efectiva cuando el niño no se queda dormido. Consiste en ignorar los berrinches por un tiempo determinado de antemano. Una vez que comienzan los gritos y los llantos, hay que esperar unos minutos antes de entrar en la habitación para acostar al niño de vuelta en la cama diciendo “es hora de dormir”. Con el paso de los días hay que extender el tiempo que se espera antes de entrar en la habitación.

  • -En cuanto a aquellos pequeños que se despiertan frecuentemente por las noches, el despertar programado es muy útil. Durante varios días hay que tomar nota de las horas en las cuales el niño suele despertarse, en las noches siguientes se procede a despertarlo entre 15 y 60 minutos antes de que se despierte espontáneamente. A medida que se rompe este hábito, las intervenciones deben ir reduciéndose.

  • -Otra alternativa más drástica es la llamada extinción: ignorar sistemáticamente el llanto y las pataletas del niño. Cuando llegan a los oídos paternos los primeros signos de que este se ha despertado, hay que ir a su habitación sólo para comprobar que no está enfermo y, de ser necesario, cambiarle los pañales. Tras haberse asegurado de que el niño se encuentra bien, abandonar el cuarto y no volver aunque continúe llorando y pataleando. En cada nuevo episodio de llanto, actuar de la misma manera.



“En nuestro estudio, todas estas intervenciones comportamentales demostraron ser igualmente efectivas”, explica Ramchandani, y agrega: <“el tipo de intervención debe ser elegida de acuerdo a las preferencias y circunstancias de cada familia en particular”.

Por su parte, Blanco recuerda que la actitud de los padres debe tender a marcar día a día los límites entre la vida diurna y la nocturna, a través de la alimentación, los juegos y el ordenamiento de la vida familiar. Debemos asumir que el sueño del niño debe ser tenido en cuenta desde sus primeras horas de vida”.

El dilema de los sedantes

Según la revisión de estudios sobre los trastornos del sueño infantiles realizada por Ramchandani, los sedantes, que con excesiva frecuencia son utilizados en el tratamiento de las dificultades para dormir y los despertares nocturnos, sólo son útiles en algunos casos y a muy corto plazo. “No existe evidencia que sugiera que son útiles a largo plazo y, además, presentan efectos colaterales, por lo que su uso no es recomendable para el común de los niños”, afirma el investigador.

“Desafortunadamente, muchos padres quieren que el tratamiento de estos desordenes sea medicamentoso y no aceptan modificar sus hábitos para mejorar la salud de los más pequeños”, comenta Margarita Blanco, y agrega: “la utilización de sedantes a temprana edad es un primer paso hacia un camino de habituación negativa del niño al uso de medicamentos. Además, la utilización de sedantes no apunta a resolver el problema del niño, sino el de los padres”.

 

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