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Al igual que
los adultos, los niños pequeños también padecen
diferentes trastornos del sueño. La dificultad para
dormirse y el despertar por las noches son dos de los más
frecuentes: afectan al 20% de los niños de entre 1 y 3 años,
y al 10% entre los 4 y los 5. Además, estos problemas
suelen ser persistentes y un sueño no reparador o
insuficiente puede traducirse en un mal desempeño
durante el día.
Según Margarita Blanco, especialista en neurofisiología
clínica y medicina del sueño del Centro Neurológico
del Hospital Francés, los trastornos del sueño en
edades tempranas se deben tanto a la ansiedad que
experimentan los niños durante la vida diurna, como al
desconocimiento de los adultos sobre cuál es una
adecuada higiene del sueño.
Los distintos factores del medio externo que
durante el día le producen angustia o un grado de
exigencia estresante, pueden manifestarse durante la
noche, afectando la continuidad del sueño explica
la especialista-. Pesadillas, dificultad para dormir o
despertares nocturnos, son los más comunes. Por
otra parte, los padres que no respetan horarios de sueño
adecuados transmiten este desorden a sus hijos. Es
muy importante que los adultos (padres, maestros, médicos)
reconozcan la importancia del sueño como factor de
reposición de la energía psíquica y física del niño.
De ahí la utilidad de aquellas terapias de la conducta
que apuntan a establecer hábitos de sueño y un respeto
del equilibrio entre vida diurna y nocturna.
Herramientas para padres
Según una revisión del tema realizada por Paul
Ramchandani, investigador de la Sección de Psiquiatría
de Niños y Adolescentes del Park Hospital for Children
de la Universidad de Oxford (Inglaterra), existen varias
herramientas que los padres pueden utilizar para afrontar
estos problemas. Entrevistado por Salutia, el
especialista se refirió a esas intervenciones
comportamentales:
- -Las
intervenciones conocidas como rutinas positivas
son útiles cuando un niño suele quedarse
despierto hasta tarde y no se acuesta. En estos
casos hay que inculcarle un estricto régimen de
comida, baño y cama. La rutina debe comenzar 20
minutos antes de la hora en que el niño se
duerme, y cada semana hay que adelantar la rutina
5 o 10 minutos hasta que su comienzo coincida con
un horario adecuado para ir a dormir. Ante
cualquier resistencia, la respuesta debe ser
es hora de dormir, mientras se coloca
al niño de nuevo en su cama.
- -La
extinción graduada es efectiva cuando el niño
no se queda dormido. Consiste en ignorar los
berrinches por un tiempo determinado de antemano.
Una vez que comienzan los gritos y los llantos,
hay que esperar unos minutos antes de entrar en
la habitación para acostar al niño de vuelta en
la cama diciendo es hora de dormir.
Con el paso de los días hay que extender el
tiempo que se espera antes de entrar en la
habitación.
- -En
cuanto a aquellos pequeños que se despiertan
frecuentemente por las noches, el despertar
programado es muy útil. Durante varios días hay
que tomar nota de las horas en las cuales el niño
suele despertarse, en las noches siguientes se
procede a despertarlo entre 15 y 60 minutos antes
de que se despierte espontáneamente. A medida
que se rompe este hábito, las intervenciones
deben ir reduciéndose.
- -Otra
alternativa más drástica es la llamada extinción:
ignorar sistemáticamente el llanto y las
pataletas del niño. Cuando llegan a los oídos
paternos los primeros signos de que este se ha
despertado, hay que ir a su habitación sólo
para comprobar que no está enfermo y, de ser
necesario, cambiarle los pañales. Tras haberse
asegurado de que el niño se encuentra bien,
abandonar el cuarto y no volver aunque continúe
llorando y pataleando. En cada nuevo episodio de
llanto, actuar de la misma manera.
En nuestro estudio, todas estas intervenciones
comportamentales demostraron ser igualmente efectivas,
explica Ramchandani, y agrega: <el tipo de
intervención debe ser elegida de acuerdo a las
preferencias y circunstancias de cada familia en
particular.
Por su parte, Blanco recuerda que la actitud de los
padres debe tender a marcar día a día los límites
entre la vida diurna y la nocturna, a través de la
alimentación, los juegos y el ordenamiento de la vida
familiar. Debemos asumir que el sueño del niño debe ser
tenido en cuenta desde sus primeras horas de vida.
El dilema de los sedantes
Según la revisión de estudios sobre los trastornos del
sueño infantiles realizada por Ramchandani, los
sedantes, que con excesiva frecuencia son utilizados en
el tratamiento de las dificultades para dormir y los
despertares nocturnos, sólo son útiles en algunos casos
y a muy corto plazo. No existe evidencia que
sugiera que son útiles a largo plazo y, además,
presentan efectos colaterales, por lo que su uso no es
recomendable para el común de los niños, afirma
el investigador.
Desafortunadamente, muchos padres quieren que el
tratamiento de estos desordenes sea medicamentoso y no
aceptan modificar sus hábitos para mejorar la salud de
los más pequeños, comenta Margarita Blanco, y
agrega: la utilización de sedantes a temprana edad
es un primer paso hacia un camino de habituación
negativa del niño al uso de medicamentos. Además, la
utilización de sedantes no apunta a resolver el problema
del niño, sino el de los padres.
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