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La epidemia silenciosa del saturnismo
Hoy se sabe que Beethoven murió por una enfermedad crónica llamada saturnismo, que resulta del exceso de plomo en la sangre. Es una patología que cobra víctimas en toda América latina.

Por Andrés González, editor
 

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El análisis de ADN de un cabello del músico fue suficiente para despejar las dudas sobre el origen de su muerte: envenenamiento por plomo, probablemente como resultado de su desmesurada pasión por el pescado -contaminado con plomo- del Danubio.

También las crisis de salud de Goya se atribuyen al saturnismo, como resultado del manejo casi constante del albayalde hecho con plomo en su pintura. Entre las secuelas de su mal estuvo la sordera, que terminó haciéndolo comunicarse por señas. Beethoven quedó sordo por la misma causa e igualmente ciertos síntomas en el pintor Vincent Van Gogh se atribuyen al saturnismo.

Más que un asunto de color

El nombre de la enfermedad viene del “color de Saturno”. En algunos casos la acumulación excesiva de plomo en la sangre produce tal efecto en el tinte de la piel de quien está afectado por este mal, también conocido como plumbosis o “lengua negra”.

Hoy la pintura no contiene plomo y la medicina moderna puede ejercer todo tipo de controles para prevenir o tratar el envenenamiento con plomo. No obstante, la amenaza de ingestión o inhalación de este metal blando tóxico sigue latente.

Los niños expuestos al plomo corren un mayor riesgo. Las investigaciones han demostrado que los tejidos blandos de los niños (cerebro, riñón, hígado y huesos), aún en proceso de desarrollo, absorben un 50% del plomo, mientras que la tasa de absorción en los adultos es de un 20%.

Situación de alerta en el continente

En febrero del año pasado, medios internacionales informaron sobre los resultados de un estudio conducido por el Ministerio de Salud de Perú y la Universidad de San Marcos en niños de la capital peruana, el cual arrojó muchos casos con niveles superiores a los diez microgramos por decilitro de sangre, el límite permisible de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

También en México, a principios del año pasado se reportó un caso de intoxicación masiva con plomo en niños provocada por las emisiones de la empresa Met-Mex Peñoles, en Torreón, Coahuila, con índices hasta cinco veces por encima del límite permitido.

La prevención de la intoxicación por plomo se considera un gran logro de la salud pública en Estados Unidos, pero en América latina los peligros del envenenamiento por plomo apenas empiezan a entenderse.

Consecuencias irreversibles

El saturnismo afecta el desempeño físico e intelectual del afectado. En los niños los daños pueden ser más severos debido a que se afecta el aprendizaje, lo cual puede ser irreversible.

El metal se acumula en los huesos lentamente, impidiendo el crecimiento y deteriorando el cerebro. En niveles muy altos puede causar ataques epilépticos, estado de coma e incluso la muerte.

Los síntomas que pueden presentarse como resultado del envenenamiento por plomo, además de la reducción de las facultades mentales (hecho no siempre notable), son dolor de cabeza, náuseas, hiperirritabilidad, pérdida del apetito y debilitamiento general.

Una vez detectado, el exceso de plomo en la sangre puede solucionarse con medidas higiénicas y dietéticas que reduzcan cualquier posibilidad de consumo de plomo y contrarresten el ya existente en el torrente sanguíneo, sobre todo con alimentos ricos en hierro y calcio.

En casos severos el paciente es tratado con quelantes, compuestos que se ligan a los iones del metal formando complejos estables que posteriormente son excretados por la orina.

Una visita al médico a tiempo, cuando se presentan algunos de los síntomas arriba descritos, es la mejor recomendación que pueda hacerse para prevenir el saturnismo.

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