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La vacunación en
pacientes que sufren rinitis alérgica de moderada a
intensa reduce notablemente el riesgo de padecer asma
bronquial, complicación que aparece en el 40 por ciento
de estos enfermos. "Esta es una de las conclusiones
preliminares del estudio multicéntrico europeo PAT (Preventive
Allergy Treatment), según el cual sólo el 5 por ciento
de estos enfermos ha presentado asma", ha indicado a
DM Javier Subiza, director del Centro Subiza de Asma y
Alergia y coordinador del Comité de Aereobiología de la
Sociedad Española de Alergología.
La vacunación es el único tratamiento curativo que
existe para los alérgicos al polen. En contra de las
dudas que ha suscitado la eficacia de estas vacunas, dos
estudios recientes -el del británico Stephen R. Durham (N Engl J
Med 1999; 341: 468-475) y el PAT- demuestran el beneficio de
esta terapia. Según el primer trabajo, "los
pacientes que reciben vacunas durante tres años muestran
una reducción de su rinoconjuntivitis y de sus
necesidades de medicación, mejoría que se prolonga, al
menos, durante los cinco años posteriores tras suspender
la administración de la vacuna".
Alergenos
Subiza ha subrayado que la principal diferencia que
existe entre las vacunas alergénicas y el tratamiento
sintomático es que mientras que las primeras pueden ser
curativas, "la terapia sintomática se debe mantener
durante toda la vida del paciente". Sin embargo,
para que la vacuna sea eficaz "es necesario definir
los alergenos contra los que deseamos vacunar. Es
esencial correlacionar los resultados de las pruebas cutáneas
e IgE específica con la historia clínica, ya que es
relativamente frecuente encontrar pacientes
sensibilizados a alergenos que no tienen relevancia clínica".
Ha insistido en que lo importante es emplear vacunas que
tengan una concentración de alergeno adecuada, puesto
que "si la concentración no es suficiente, la
vacuna no es eficaz. Esto sucede en vacunas que mezclan
diversos alergenos. Por tanto, lo más apropiado es hacer
la vacuna con el alergeno más importante".
El alergólogo también ha insistido en que no todos los
pacientes son candidatos a inmunoterapia, pues sobre todo
está indicada en los que padecen rinitis o asma
bronquial alérgica y siempre que estén expuestos a
alergenos presentes en el medio ambiente durante periodos
prolongados y que no se puedan evitar, como los pólenes
de gramíneas, los ácaros del polvo doméstico y los
epitelios de animales. Sobre estos últimos ha concedido
especial importancia al de gato, puesto que "el antígeno
de este animal es muy volátil: puede permanecer durante
mucho tiempo en el ambiente y es fácilmente
vehiculizable en las ropas; todo ello hace que esté muy
extendido".
En cuanto a otro tipo de estrategias preventivas, ha
indicado que, "en función de las previsiones de pólenes
que elaboramos en el mes de marzo, los enfermos deberían
recurrir a los cromomas o a corticoides inhalados, ya que
existe un subgrupo importante de pacientes que sólo
presentan asma en los meses muy intensos (algo que no
sucede todos los años), situación que les suele coger
desprevenidos y obligarles a acudir al servicio de
urgencias y a tomar corticoides sistémicos". Este
riesgo se puede evitar si el afectado toma la medicación
preventiva durante los meses anteriores a la estación.
Asma infantil
Javier Subiza también ha aludido al asma infantil, en la
que existen unos factores que empeoran el pronóstico,
tales como la edad inferior a los 3 años y la infección
por el virus respiratorio sincitial antes de los 3 años
de edad, lo que "incrementa el riesgo de desarrollar
asma en los 10 años siguientes al cuadro". Por
ello, recomienda la vacunación en los niños con asma
bronquial alérgica.
Todo lo anterior es, en opinión del especialista, lo
suficientemente contundente como para demostrar la
eficacia de la vacunación en pacientes alérgicos que
cumplan con los criterios de candidatos a inmunización.
No obstante, "el estudio PAT todavía no está
concluido, aunque pensamos que aportará más datos a
favor de esta terapia".
Concentraciones altas
Debido a que, tras un
invierno de gran sequía, los especialistas auguraban una
primavera con altas concentraciones de pólenes, el
escepticismo era casi generalizado. "Nosotros
elaboramos las previsiones en función de la pluviosidad
de los meses de octubre, noviembre y diciembre, que fue
elevada en 1999. Pero, además, los meses de marzo y
abril de este año han sido muy lluviosos, con lo que
durante mayo y junio hemos registrado un incremento del
52 por ciento en las concentraciones de pólenes respecto
a las cifras de la primavera pasada".
Javier Subiza, que destaca la importancia de la labor que
desempeñan los médicos de las diferentes estaciones de
vigilancia polínica, ha añadido que la virulencia en
granos de las primaveras se puede calibrar en función de
la venta de antihistamínicos y de consultas por síntomas
asmáticos en los servicios de urgencias hospitalarias,
cifras que, "aunque todavía no disponemos de datos
oficiales, en Madrid pueden oscilar un 30 por ciento
arriba o abajo según la concentración de granos".
Aunque con incidencia menor, no ha despreciado la
importancia de la polinosis de invierno (cupresáceas y
arizónicas), que afecta al 20 por ciento de los madrileños
y que "suele acompañarse de una rinoconjuntivitis
intensa y prolongada en el tiempo, aunque en muy pocas
veces se acompaña de asma".
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