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Las gaseosas hacen burbujas en los huesos
Cambiar el consumo del agua potable por el de bebidas colas es tan usual como perjudicial. Los padres deben revertir ese hábito alimenticio.



Por Alejandro Saks, especial para Salutia
 

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Los chicos consumen muchas gaseosas y poca agua ante la mirada pasiva de los padres. Como consecuencia, se quedan sin la principal fuente de nutrientes en estado puro y aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades óseas.

"Es común ver que un niño de diez años toma dos litros de gaseosa por día", se resigna Carolina Placentino, nutricionista del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, Argentina.

Competencia desleal

Lo cierto es que el agua -insípida, inodora e incolora- a simple vista tiene muy poco que ofrecer frente a la exuberancia de color, sabor y burbujas que despliegan los refrescos.

Además, los padres están desinformados sobre su importancia en la dieta y no hay diferencia de precios entre el agua mineral y las bebidas cola, cuando de elegir en un supermercado se trata: la ecuación da como resultado un ejército de chicos propulsados a gaseosas.

Un adulto necesita ingerir 35 miligramos de agua por cada kilogramo de peso, un lactante precisa 150 miligramos. Al tomar un litro de gaseosa se está ingiriendo un litro de agua. El problema surge con el resto de sus ingredientes, especialmente con el fósforo de las bebidas cola.

El riesgo: huesos débiles

Si se incorpora gran cantidad de fósforo al organismo y no se ingiere en forma simultánea un volumen similar de calcio, el primero provoca la eliminación del calcio y puede llevar a la descalcificación, que priva al organismo de la principal materia prima para la formación de los huesos.

Los niños con déficit de calcio tienen huesos frágiles y mayores posibilidades de padecer enfermedades óseas en la adultez.

Un estudio realizado por el Hospital General de Durango, en México, revela que de 97 niños que tomaban 1,5 litros de gaseosa por día, el 95% presentaba déficit de calcio.

Los argentinos consumen 15 litros de agua por año y 76 de gaseosas, según datos de la Dirección Nacional de Alimentación.

Por lo visto la tendencia es clara. Pero lo que se ha convertido en un hábito que define el gusto es factible de ser revertido. El secreto es que los padres encuentren el modo de hacer que sus hijos se vean tentados ante un buen vaso de agua, que quita la sed y disminuye los riesgos.