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Los chicos
consumen muchas gaseosas y poca agua ante la mirada
pasiva de los padres. Como consecuencia, se quedan sin la
principal fuente de nutrientes en estado puro y aumentan
el riesgo de desarrollar enfermedades óseas.
"Es común ver que un niño de diez años toma dos
litros de gaseosa por día", se resigna Carolina
Placentino, nutricionista del Hospital de Clínicas de
Buenos Aires, Argentina.
Competencia desleal
Lo cierto es que el agua -insípida, inodora e incolora-
a simple vista tiene muy poco que ofrecer frente a la
exuberancia de color, sabor y burbujas que despliegan los
refrescos.
Además, los padres están desinformados sobre su
importancia en la dieta y no hay diferencia de precios
entre el agua mineral y las bebidas cola, cuando de
elegir en un supermercado se trata: la ecuación da como
resultado un ejército de chicos propulsados a gaseosas.
Un adulto necesita ingerir 35 miligramos de agua por cada
kilogramo de peso, un lactante precisa 150 miligramos. Al
tomar un litro de gaseosa se está ingiriendo un litro de
agua. El problema surge con el resto de sus ingredientes,
especialmente con el fósforo de las bebidas cola.
El riesgo: huesos débiles
Si se incorpora gran cantidad de fósforo al organismo y
no se ingiere en forma simultánea un volumen similar de
calcio, el primero provoca la eliminación del calcio y
puede llevar a la descalcificación, que priva al
organismo de la principal materia prima para la formación
de los huesos.
Los niños con déficit de calcio tienen huesos frágiles
y mayores posibilidades de padecer enfermedades óseas en
la adultez.
Un estudio realizado por el Hospital General de Durango,
en México, revela que de 97 niños que tomaban 1,5
litros de gaseosa por día, el 95% presentaba déficit de
calcio.
Los argentinos consumen 15 litros de agua por año y 76
de gaseosas, según datos de la Dirección Nacional de
Alimentación.
Por lo visto la tendencia es clara. Pero lo que se ha
convertido en un hábito que define el gusto es factible
de ser revertido. El secreto es que los padres encuentren
el modo de hacer que sus hijos se vean tentados ante un
buen vaso de agua, que quita la sed y disminuye los
riesgos.
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