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Las
alteraciones de la actividad lúdica se manifiestan de
modos diferentes:
- Por
la ausencia de juego
- Por
el empobrecimiento que implica la repetición idéntica
y sistemática de un mismo juego
- Por
la permanencia en una etapa lúdica determinada
cuando sería lógico que pasara a otra. Por
ejemplo, un chico de 8 años que no puede acceder
a juegos reglados o que tiene dificultades para
compartir su juego con otros chicos.
En todos
estos casos, se trata de señales que quizá indican la
presencia de un trastorno emocional, que puede ser leve y
de sencilla resolución, como una crisis depresiva
transitoria, o cuadros más graves, como son la psicosis
y el autismo.
Neurosis
"Aunque no pierde contacto con la realidad, el niño
puede refugiarse en la fantasía. En consecuencia,
rechaza lo que viene del afuera, todo aquello que
signifique salir de su mundo interior", afirma Diego
Moreira, profesor de la Escuela de Especialización en
Psicoanálisis con Niños de la Asociación de Psicólogos
de Buenos Aires, Argentina.
El niño se vuelve menos creativo en el juego y comienza
a tener problemas de aprendizaje. Aunque no existen estadísticas
precisas, se calcula que un 5% de los niños padece este
cuadro, definido como neurosis.
"En estos casos, la mayor parte de las consultas los
padres las realizan por
falta de rendimiento escolar", agrega Moreira y
explica que "una de las formas que adquiere la
neurosis es la depresión. En un estado depresivo las
alteraciones lúdicas suelen coincidir con otras:
alteraciones en la alimentación, en el sueño o en la
salud física".
Las causas de la depresión pueden ser múltiples:
situaciones conflictivas del entorno familiar, duelos por
la muerte de un ser querido, mudanzas que implican un
cambio de colegio, etc.
El diagnóstico también se realiza a través del juego.
Inicialmente, el terapeuta encuentra en él la fuente de
información que le permite conocer el problema emocional
que padece el chico. El tratamiento posterior utiliza
como instrumento terapéutico el juego y se propone
convertirlo en una vía de expresión y desarrollo.
Psicosis
Se calcula que un 3% de la población infantil padece
psicosis, un trastorno
que se caracteriza por la fragmentación del mundo psíquico,
por la pérdida de
contacto con la realidad. El chico puede, en algunos
casos, tener alucinaciones y delirios. "Esta patología
se expresa a través de un juego repetitivo, sin
creatividad alguna y absolutamente displacentero. El
chico no puede atribuirle significados a los juguetes",
explica Pablo Mohr, del Departamento de Pediatría del
Hospital Italiano y Miembro Titular de la Sociedad
Argentina de Pediatría.
Autismo
También el autismo, una patología que padece el 1% de
la población infantil,
puede detectarse a través del juego. "En este caso,
el chico pierde totalmente
la capacidad de darle significación a los juguetes y no
habla o lo hace sólo en forma fragmentaria. Si existe
algún atisbo de juego, éste suele reducirse a lo
sensorial, por ejemplo, sacar la lengua o tirarse del
pelo", continúa Mohr. En todos los casos, el juego
puede utilizarse como una forma de entablar vías de
comunicación.
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