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Acumetría Verbal Dr. Manuel A. Rodríguez Lanza Actualización: 16/02/2006 |
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PUBLICIDAD Se trata de una prueba que utiliza la palabra hablada para obtener una primera impresión de la capacidad auditiva del paciente. Por ser una prueba subjetiva es poco exacta, pues de una a otra ocasión varían tanto la intensidad en la fonación como las condiciones acústicas del medio en el que se realiza, pero a pesar de ser poco precisa resulta útil. Una primera aproximación a la audición del paciente se realiza mientras se efectúa la anamnesis o en el inicial intercambio de palabras con el enfermo, pudiendo percatarnos ya en ese momento de cómo oye nuestra voz emitida, a propósito, a distintas intensidades. La acumetría verbal propiamente dicha se realiza sirviéndonos de varias pruebas:
Es útil conocer que las palabras que se construyen con las vocales «u», «o», son acústicamente graves (125-500 Hz): uno, dos, ocho, buho, mono, mulo. Las que llevan las vocales «i», «e», «a» son agudas (500-3000 Hz): seis, siete, diez, sisa, café. Puede emplearse asimismo la acumetría con ruidos. En ocasiones, el paciente «nos la trae hecha» cuando refiere que no oye el timbre de la puerta, el ruido del ascensor, el motor del coche o el tic-tac del reloj; o indica que su hijo no oye el ruido de un juguete o no se sobresalta cuando cae al suelo un utensilio de cocina. En la consulta, el explorador puede utilizar una fuente de ruido, siempre la misma y que haya sido cuantificada en sí mismo, en otros individuos normooyentes y, empíricamente, en diversos pacientes. Por ejemplo, un ruidoso reloj de bolsillo antiguo puede utilizarse de forma sistemática si sabemos que suena con una intensidad aproximada de 35 dB HL, puede servir para una primera detección habitual. Otros medios más objetivos de cuantificación de la h¡poacusia son los juguetes ruidosos de intensidad y frecuencia previamente calibradas como las campanas, trompetas, música, etc. Con ellos se despiertan en el niño reflejos cocleooculógiros, cocleocefalóglros, cocleomímicos, cocleopalpebrales, o bien para «condicionarle» dejándole escuchar el juguete de cerca y después situándoselo más lejos o en la habitación contigua, para ver si le presta atención cuando empieza a sonar. En estas pruebas acumétricas puede anularse el oído no explorado ocluyéndolo con un tapón, ensordeciéndolo con el aparato de Bárány (instrumento que accionado por un mecanismo de relojería emite un ruido, se acopla al conducto auditivo mediante una oliva) o con el sistema de Fowler que utiiza un tubo de goma de otoauscultación, con una oliva introducida en el conducto del oído que se desea ensordecer y la otra próxima a una botella de oxígeno en la que se permite un escape ruidoso del contenido.
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