Palabras más,
palabras menos, así podría ser la descripción de la
fibrosis quística: una proteína anormal impide el ingreso
y la salida del cloruro de ciertas células. En
consecuencia, se produce una mucosidad muy espesa que se
acumula en el páncreas y en las vías respiratorias, lo que
se traduce en problemas pulmonares y digestivos que
llevan a hospitalizaciones repetidas y que pueden ser
fatales.
Hasta
no hace mucho, la enfermedad (hereditaria y crónica) pasa
inadvertida; sus síntomas se confundían con resfriados
repetidos o con trastornos estomacales sin causa
aparente. "Estos
niños, al nacer, tienen cuadros respiratorios o
gastrointestinales. Si presentan cuadros respiratorios,
generalmente son etiquetados como asmáticos, y empieza el
valle de lágrimas de padres y madres porque es una gripe
eterna que no se cura;
nadie piensa en fibrosis, y la criatura se deteriora
mucho, incluso deja de crecer, porque no recibe el
tratamiento indicado", advierte Carmen Guédez,
coordinadora nacional del programa de fibrosis quística
del Ministerio de Salud.
El programa
existe desde 2005 cuenta para este año con un presupuesto
de 7,5 millardos de bolívares, e incluye la entrega a las
y los pacientes -sin costo alguno, y con base en el
derecho a la salud establecido en la Constitución Nacional
de la terapia que requieren, señala Guédez. "Ahora tenemos
260 personas registradas y con diagnóstico firme, y
alrededor de 40 o 50 más esperan por el diagnóstico
genético que se hace en el Instituto Venezolano de
Investigaciones Científicas", destaca la vocera.
Pequeños salados
Mantener a raya
este mal era posible sólo si se disponía de varios
millones de bolívares. Las organizaciones de pacientes
demandaron una respuesta del Pistado, y el Estado "asumió
el problema, porque no por ser un sector pequeño de la
población se va a dejar de
atender",
enfatiza Guédez.
"Cada niño
consume aproximadamente 30 millones de bolívares
mensuales. Ellos necesitan tobramicina inhalada, que
cuesta cerca de 7 millones de bolívares al mes; enzimas
pancreáticas, que superan los 100.000 bolívares; alimentos
especiales, porque sufren de desnutrición severa al no
metabolizar las grasas".
La detección se
efectúa mediante pruebas genéticas y exámenes de
electrolitos en sudor. Pero madres y padres son los
mejores buscadores: los niños con fibrosis quística son
salados, porque pierden la sal a través del sudor. "Si les
ponen una cadena en el cuello, se
les
oxida. Los cuellos de las franelas y de las camisas no les
duran nada. Propusimos el eslogan 'besa a tus hijos', que
permitiría saber si algo anda mal", apunta. Aparte, hay
que mencionar -como señales de alarma- las diarreas
crónicas y la dificultad para respirar.
En Caracas,
funcionan dos unidades para fibrosis quística: una, en el
hospital J.M. de los Ríos y otra, en el hospital YA
Algodonal. Pero la ayuda, asegura Guédez, está garantizada
en los módulos de Barrio Adentro, en el segundo nivel de
atención y en los hospitales. El padecimiento no es
curable, pero con el tratamiento adecuado, se puede vivir
más y mejor.